«¿Qué tal el paseo?» «Bien.» Fin de la conversación.
Hablar de emociones con niñas y niños de 6 a 9 años no siempre sale solo. Pero el camino de vuelta de un paseo, o la cena de ese día, suelen ser buenos momentos: ha pasado algo compartido y hay de qué hablar. En este artículo encontrarás preguntas y pequeños juegos para abrir esa conversación sin forzarla.
Por qué ponerle nombre a lo que sentimos
Pediatras de la American Academy of Pediatrics (AAP) describen una forma de acompañar las emociones que a veces se llama coaching emocional: darse cuenta de lo que siente el niño o la niña, ponerle nombre y transmitir que todas las emociones están bien, aunque no todos los comportamientos lo estén. También recomiendan escuchar de verdad, sin juzgar.
La AAP sugiere además que hablar de cómo nos sentimos forme parte del día a día, y que las personas adultas cuenten también lo suyo. Un paseo da muchas ocasiones: algo que emocionó, algo que cansó, algo que dio un poco de miedo.
Preguntas que suelen funcionar mejor que «¿qué tal?»
- ¿Qué ha sido lo mejor del paseo? ¿Y lo menos divertido?
- ¿Hubo algún momento en que te sentiste orgulloso u orgullosa?
- ¿Algo te sorprendió?
- Si el paseo fuera un tiempo meteorológico, ¿sería sol, nubes o tormenta?
- ¿Qué le contarías a alguien que no ha venido?
Las preguntas abiertas dejan espacio para respuestas inesperadas. Y si la respuesta es «no sé», también vale.
Cuatro juegos para hablar de emociones
1. El tiempo que hace por dentro
Cada uno dice qué «tiempo» hace en su interior: soleado, nublado, con viento… La AAP menciona comparaciones como el tiempo como una forma sencilla de describir cómo nos sentimos.
2. Dos a la vez
Proponed buscar dos emociones del paseo que convivieran: «estaba contento y cansado», «me gustó y me dio un poco de miedo». Todas caben.
3. Caras en el cuaderno
Dibujad en un papel tres caras (alegre, regular, triste) y que cada uno señale cómo se sintió en distintos momentos del paseo. Sin explicaciones obligatorias.
4. Yo también
La persona adulta empieza: «A mí me dio rabia perder el camino, pero luego me reí». Contar lo nuestro hace que hablar de emociones sea algo normal en casa.
Lo que conviene evitar
- Corregir la emoción. «No pasa nada, no estés triste» suele cerrar la conversación. Mejor: «Parece que eso te dio pena».
- Interrogar. Si no le apetece hablar, se respeta. Puede salir más tarde, en la bañera o antes de dormir.
- Convertirlo en lección. Basta con escuchar.
Preguntas frecuentes
¿Y si mi hijo o mi hija nunca quiere hablar de cómo se siente?
Prueba con juegos (como el del tiempo) en lugar de preguntas directas, y empieza contando lo tuyo. Algunos niños hablan más mientras caminan o dibujan que sentados frente a frente.
¿Es normal sentir dos cosas a la vez?
Muchas veces sentimos cosas mezcladas. Decirlo en voz alta en familia ayuda a que se hable de ello con naturalidad. Si te preocupa cómo se siente tu hijo o hija, consulta con su pediatra.
¿Hablar de emociones mejora la inteligencia emocional?
No prometemos resultados. Hablar de cómo nos sentimos es, sencillamente, una forma de conocernos mejor en familia.
Así lo pensamos en Paseo y Pista
En El misterio de las seis letras, nuestra primera aventura en familia para 6 a 9 años, al final del paseo hay un momento para contar cómo ha ido y qué ha sentido cada uno. La idea es que la conversación salga sola, con la aventura todavía fresca.
Sigue leyendo: Planificar y decidir a los 6–9 años y Paseos sin pantallas: juegos de observación.
Fuentes
- American Academy of Pediatrics, HealthyChildren.org: Healthy Mental & Emotional Development: 4 Key Building Blocks
- American Academy of Pediatrics, HealthyChildren.org: Everyday Ways to Talk About Mental Health: Tips for Families
Este artículo ofrece ideas generales para familias. No sustituye el consejo de profesionales de la salud o la educación.